viernes, 12 de agosto de 2011

“El PAN era muy buena oposición, pero no sabe ser gobierno”

Para nadie es un secreto que Fox no era exactamente el favorito de muchos en el PAN, y de hecho, si logró la candidatura no fue porque así lo dispusiera una mayoría panista, sino porque, en pocas palabras, ya no quedaba de otra: Fox se adueñó de la candidatura del PAN sin que nadie pudiera hacer nada al respecto.

Cuando Vicente Fox llegó a la Presidencia de la República en diciembre de 2000, representó la esperanza de millones de mexicanos de acabar con la corrupción existente en todos los niveles de gobierno. Años después, el gobierno de Vicente Fox es recordado más como un fracaso en la transición democrática que como un periodo de cambio importante en nuestro país.

Desde entonces, ha circulado en la opinión pública mexicana la percepción de que el PAN “era muy buena oposición, pero no sabe ser gobierno”. Dejando de lado la simplificación en la que cae la frase, sí es cierto que, tanto en los gobiernos como en la dirigencia del PAN, se han tomado decisiones que han dañado la reputación y la capacidad del partido.

Vicente Fox es, una vez más, un buen ejemplo. En días pasados, el ex presidente ha declarado públicamente que su partido perderá las elecciones presidenciales de 2012; no solo eso, se ha dedicado a alabar, en todos los medios que quieran escucharlo, a Enrique Peña Nieto, el más probable candidato del PRI a la presidencia.

Esto no solo ha enfurecido a los panistas – con justificada razón – sino que también ha levantado sospechas sobre las razones de Fox para expresarse tan bien de quien muy probablemente le arrebate la presidencia al PAN. Algunos mal pensados aseguran que Fox está buscando quedar bien con el próximo gobierno para que no se investiguen algunos negocios sospechosos en los que están involucrados él, su esposa Martha Sahagún, los hijos de Martha y algunos de sus hermanos.

Este tropiezo de Fox es más significativo de lo que pareciera. Es sintomático de una actitud que hemos observado recientemente en su partido: la obsesión por mantener el status quo.

Las alianzas electorales con el PRD – su más grande enemigo en este sexenio -; la postulación de candidatos de otros partidos para el gobierno de Baja California Sur, Puebla, Nayarit; el retraso en la designación de consejeros del IFE. Todo, con tal de mantenerse en el poder, de prolongar lo más que se pueda la situación privilegiada en la que ahora están por ocupar el gobierno federal.

La cuestión importante no es si el PAN puede gobernar o no, sino si las decisiones que ha tomado en el gobierno y al interior de su partido, producen resultados deseables para el país.

Mercedes Iriondo Bert
La Primera Plana